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Paola Roig

Paola Roig: “Una semilla de verano no va a salir en invierno, por más que te empeñes. Lo mismo sucede con nuestras hijas e hijos”

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Paola Roig. Experta en acompañar a la mujer en la etapa perinatal, la psicóloga Paola Roig (PaoRoig en Instagram), que codirige Pell a Pell, un proyecto desde donde acompaña a madres durante sus embarazos y maternidad, nos trae en “La crianza imperfecta”

(Ed. Bruguera), una guía para que confiemos en nosotras mismas, nos cuidemos y elijamos nuestro propio camino durante la maternidad.

Para ello es importante reducir las exigencias, renunciar a algunas cosas y liberarse de la culpa. “No somos las madres que queremos sino las que podemos”, subraya la autora, que también coprotagoniza el podcast La vida secreta de las madres.

Maternar y paternar, sin duda, es difícil. De hecho, dos personas son muy pocas para criar a un niño. Y el sistema tampoco acompaña

En su segundo libro, Paola Roig sigue explorando los caminos de una maternidad que necesita de espacio y confianza; y que aunque debería ser libre, está aún llena de imposiciones y dogmas.

Desde la vivencia, nos ofrece la sabia perspectiva de cómo poco es mucho y de lo importante que es abrazarte también cuando te equivocas.

Ahora está más de moda eso de las “malasmadres”, pero tras años de bagaje con la culpa, sigue siendo muy difícil liberarnos de ella y avanzar.  ¿Por qué tanta exigencia con la crianza de un hijo?

Portada “La crianza imperfecta”

Yo creo que las madres hemos sentido la exigencia siempre, pero hoy en día se agrava por el tema de la información y las redes sociales.

Para mí es un regalo tener una información a disposición tan rápida sobre evidencia científica, ideas de crianza, tips… Es genial. Pero el reto es aprender a usar esa información.

Cada vez más me da la sensación de que confundimos teoría con realidad. Una cosa es la teoría, que es como un faro que nos puede iluminar hacia donde nos gustaría ir, pero luego ese camino lo vamos haciendo nosotras y no siempre podemos hacerlo todo a la perfección. No somos robots, no somos madres de libro, somos madres reales.

Creo que la exigencia viene un poco por eso, por confundir la información que leemos con la realidad del día a día de cada familia.

Dejar el pañal, comer de todo, aprender muchas cosas cuanto antes, el inicio temprano de la escolarización… ¿Por qué queremos que nuestros hijos “espabilen” tan rápido?

Hay muchos factores. Primero somos una sociedad con mucha prisa todo el rato. De hecho, cuando nos convertimos en madres hay como un mensaje social de “ya está, vuelve a ser la de antes y a producir como antes”.

Como que no se permite tampoco en las propias madres experimentar esta transformación profunda que supone la maternidad. Entonces cuando no nos permitimos estos tiempos a nosotras mismas, nos es muy difícil permitírselo a la infancia. Somos como la sociedad de la hipervelocidad, justamente por la inmediatez actual.

Nos cuesta mucho la contención, la espera, el sostener y se nos olvida que, aunque todo vaya muy rápido, los procesos siguen llevando el mismo tiempo.  Las etapas de  nuestras criaturas siguen durando lo que necesita cada una de nuestras criaturas. Una semilla de verano no va a salir en invierno. Por más que te empeñes. Lo mismo sucede con nuestras hijas e hijos.

Las madres a veces tomamos la exigencia social como propia; que tu hijo aún no controle los esfínteres a cierta edad, en ocasiones lo tomamos como un fracaso personal. Se nos olvida que hay que poder sostener los ritmos.

Aquí se junta otra cosa que yo creo que es que en esta información que recibimos especialmente por redes o por libros parece que todas tengamos que ser iguales y que todas nuestras criaturas tengan que ser iguales: comer en el mismo momento, andar en el mismo momento… y se nos olvida que cada una de ellas es diferente y tiene un ritmo distinto.

Además, las madres a veces tomamos la exigencia social como propia; que tu hijo aún no controle los esfínteres a cierta edad, en ocasiones lo tomamos como un fracaso personal. Se nos olvida que hay que poder sostener los ritmos.

Las páginas del libro están llenas de vivencias tuyas y de otros ejemplos que te han contado o has observado en otras familias. ¿En la crianza vale eso de “mal de muchos, consuelo de tontos” para no sentir tanta presión ni frustración? 

Yo normalmente soy fan del refranero popular, pero a esta frase cada vez le veo menos sentido porque lo que  observo no es tanto “mal de muchos, consuelo de tontos”, sino ver que lo que me pasa a mí no solo me pasa a mí. eldiario.es

Esto me sirve para sostenerme. Las madres y las familias estamos tan solas, se ha relegado tanto la crianza a lo privado que no vemos mucho a otras familias. Cuando nos pasa algo, pensamos “esto me ha sucedido a mí porque soy una madre horrorosa…”

Pero cuando empiezas a compartir con otras familias, te das cuenta que son retos a los que nos enfrentamos todos y es muy enriquecedor ver cómo resuelven los demás. Incorporamos recursos unos de los otros.

“Una semilla de verano no va a salir en invierno, por más que te empeñes. Lo mismo sucede con nuestras hijas e hijos”

Y debemos entender que no hay mejor ni peor, sino distinto. Cada familia tiene sus prioridades en la crianza y cada una tiene sus puntos de interés, sus valores. Todo está en el sentido común, en los puntos medios y el equilibrio.

Esta entrevista fue publicada originalmente por Web consultas: webconsultas.com

REDACCIÓN WEB DEL PSICÓLOGO

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