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María Soto: “No existen malos comportamientos, sino malas decisiones”

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“¿Qué es educar? Creo que tenemos demasiada información y demasiadas expectativas. Se nos ha olvidado la mirada desde la curiosidad y no hacemos caso a nuestras intuiciones, que realmente están ahí. Desde dónde educamos y para qué educamos es lo que van a recibir nuestros hijos. ¿Qué queremos? ¿Qué nuestros hijos sientan que nos preocupamos por ellos o que nos ocupamos de ellos?”. María Soto es considerada una de las máximas representantes de la Disciplina Positiva en España, una metodología que apuesta por una crianza basada en la firmeza y la amabilidad, donde los límites se establecen sin usar premios ni castigos. Después de estudiar Logopedia y Psicología, María Soto se certificó como facilitadora para impartir talleres y cursos sobre Disciplina Positiva, que ha desarrollado en su proyecto y libro, ‘Educa Bonito’, con consejos y herramientas para una crianza y educación basadas en el respeto mutuo. “La sociedad, la ciencia, la tecnología han cambiado, pero las ‘frases de madre’ siguen siendo las mismas. Los valores, los principios morales no deben cambiar, pero sí debemos revisar cómo enseñarlos, porque estamos educando a la generación del siglo XXI con herramientas educativas del siglo anterior”, concluye la autora.

¿Y qué es un mal comportamiento, entonces, desde el punto de vista de la disciplina positiva?

Pues, realmente, la disciplina positiva defiende que no existen los malos comportamientos. No hay malos comportamientos. Hay malas decisiones. O momentos de necesidad fisiológica que nos desbordan. Porque, realmente, ¿por qué se portan mal los niños, entre comillas? Pues porque les pasa algo a ese nivel.

“Estoy cansado, tengo hambre, pues tengo demasiado calor. Y ¿no te has dado cuenta, mamá? Y voy en el coche aquí con el abrigo puesto y me enfado”. O sea, algo fisiológico, de crecimiento. Hay etapas, también, la etapa de rabietas, por ejemplo, etcétera. Y luego también porque los niños están… Lo que decíamos al principio, aprendiendo a pertenecer.

Entonces, ¿qué necesitas sentir para notar que los demás te tienen en cuenta, que realmente perteneces a este lugar, a esta familia o a esta clase? Tú necesitas… Todos los seres humanos necesitamos sentir solamente dos cosas. Si es que realmente es mucho más fácil de lo que estábamos pretendiendo con el conductismo. El conductismo juzgaba y atendía y controlaba cada conducta. De locos, de locos. Pero, realmente, gracias a Rudolph Dreikurs, que siempre me cuesta pronunciar su nombre… que fue un discípulo de Adler, sabemos que realmente lo que necesitamos son solo dos cosas para sentir que nos tienen en cuenta, y es atención y libertad o poder.

O sea, si tú sientes que las personas que te guían, que te cuidan, te atienden y te dejan un margen de decisión, tienes una pequeña libertad, puedes decidir cosas en tu vida, pues tú sientes que te tienen en cuenta. Entonces, desde ahí, las decisiones que tomas no son para buscar pertenencia, son para estar, directamente. Cuando un niño está demasiado preocupado en encontrar su lugar porque siente que no tiene atención o siente que no tiene libertad, se está perdiendo el resto de cosas, el resto de aprendizajes, se está perdiendo el mundo.

Entonces, por eso es tan importante, sabiendo esto, aportar a las madres y a los padres esas herramientas para poder educar desde la pertenencia, para poder decir: “Vale, ¿cómo yo puedo hacer para que mi hijo note que le atiendo y note que le doy cierta capacidad de libertad y poder?”. ¿Qué pasa? Porque aquí entra otra vez la lógica privada. Muchas veces, tú atiendes incluso de más a tus hijos. Lo que hay que hacer cuando tu hijo siente que necesita atención no es darle más atención, sino convencerle de que ya le estás atendiendo y hacerle participar de manera útil. Esto es mucho más profundo.

Es un aprendizaje, es una metodología práctica, y tiene unas herramientas que se pueden aprender. Pero si nosotros entendemos dos cosas, que buscamos todos atención y libertad, y el siguiente paso es: si no lo consigo, ¿qué pasa? Si no consigo sentir que pertenezco, me voy a vengar o me voy a rendir. ¿La venganza qué significa? Esto es… muy importante entenderlo.Cuando una persona se siente dolida, si no tiene herramientas ni habilidades sociales para decir: “Elena, me siento dolida”. “Esto que me has hecho me ha entristecido y me ha dolido”, yo lo que voy a hacer es proyectar y salpicar mi dolor a mis figuras de apego. Es por eso la frase que vemos muchas veces en muchas madres, de: “Es que mi hijo con quien peor se porta es conmigo”.

Claro

María Soto. Porque tu hijo te transmite a ti su dolor, pero te lo transmite de una manera muy rudimentaria. Todavía no tiene herramientas. Entonces, cuando tú notas que tu hijo daña a alguien, es que tu hijo siente dolor, pero no lo sabe transmitir. Una persona que es feliz, una persona que está bien, que está estable, no hace daño conscientemente a los demás.

Es muy importante entender esto. Y por otro lado, también, cuando una persona ya se rinde. Una persona intenta conseguir atención, intenta conseguir libertad, no lo consigue y se venga porque le duele y transmite su dolor. Y encima, tampoco lo consigue, entonces se va a rendir. “Vale, yo no pertenezco a este lugar. Yo no quiero ni siquiera ya pertenecer aquí”. “No soy capaz de pertenecer. Y lo he hecho, lo he intentado todo y no me sale”. Entonces, estas cuatro necesidades son la base de todos los malos comportamientos y todas las malas decisiones. ¿De cuántas maneras un niño puede llamar la atención? Infinitas.

¿De cuántas maneras un niño te puede retar? Decir: “No, no, no”, llevarte la contraria, tal, porque quiere imponerse él, porque ha malinterpretado que lo más importante era el poder. Estos suelen ser niños que tienen gente muy autoritaria a su alrededor. ¿De cuántas maneras una persona se puede vengar? Infinitas. ¿Y de cuántas maneras una persona se puede bloquear o rendir? Infinitas.

Entonces, son solamente cuatro cosas que, si tú las entiendes, si aprendes a leer más allá de la conducta, vas a entender las necesidades de tus hijos y vas a poder actuar no solo en el hecho en sí, en el momento, en el portazo o en el grito, en el bofetón, vas a trabajar de manera preventiva en sus creencias. “¿Por qué crees que la mejor decisión que puedes tomar ahora mismo es pegarle a tu hermana? ¿Qué te hace pensar eso? ¿De dónde viene esa motivación?”.

Entonces, la disciplina positiva nos enseña a, de una misma situación, ver qué necesidad hay detrás. Y esto es maravilloso porque nos enseña el lenguaje infantil. El lenguaje infantil es el lenguaje de las emociones. Los niños nos hacen sentir lo que necesitan que nosotros sintamos para entenderles. Por ejemplo. ¿Qué te puede estar pidiendo un niño que te hace sentirte asfixiada, absorbida, que no puedes hablar, que te interrumpe todo el rato, que todo el rato: “Mamá, mamá, mamá”? ¿Qué te está pidiendo?

Atención. Atención todo el rato. Cómo establecer límites desde la disciplina positiva. María Soto

Atención. ¿De cuántas maneras puede hacer eso? Infinitas. ¿Qué te está pidiendo un niño que te lleva la contraria sistemáticamente, que, aunque tú le ofrezcas el helado favorito, porque se lo ofreces tú, te dice que no? Que ese no. ¿Qué te puede estar diciendo ese niño que a todo lo que tú le propones le parece mal y quiere imponerse?

¿Qué te está pidiendo? Quiere poder decidir. Quiere poder tener un poco de libertad. ¿Qué te está diciendo una persona que te daña? Que siente dolor. Y ésta es muy importante para mí últimamente. ¿Qué te está pidiendo o qué necesidad está teniendo una persona que te hace sentirte bloqueada como madre, incapaz, inútil? “Tengo que llamar a un especialista”.

Tenemos que ir al psicólogo con el niño”. ¿Qué te está haciendo sentir el niño? Que él está bloqueado. Esos son niños que suelen tener un entorno muy exigente. Y son niños que se refugian. “Yo no sé, yo no sé, yo no puedo, yo no puedo, yo no puedo”. Porque ya se han rendido. Todo es demasiado para ellos. Entonces, entendiendo esta estructura, que se llama “las metas equivocadas”, de Dreikurs, todo se hace muchísimo más sencillo y muchísimo más real y conocemos a nuestros hijos.

Y entendemos mucho que también en el comportamiento humano, a nivel adulto, seguimos ahí. Todos necesitamos atención y libertad, todos. ¿Qué pasa? Que muchas personas han aprendido habilidades sociales para conseguir atención de manera socialmente aceptable o a buscar su libertad de manera socialmente aceptable. Pero tú también conoces adultos que buscan la atención de una manera muy inadecuada.

“No existen malos comportamientos, sino malas decisiones”

Sí.

Que buscan libertad de una manera muy inadecuada. Que se vengan. Y que se rinden. Y a mí, una de las que me preocupa un poco a nivel social, y creo que el mundo cambiaría, es si entendiéramos la de la venganza, el dolor, si lo entendiéramos. Realmente, hay muchos ejemplos en la literatura y en el cine, sobre todo en el cine este que viene de los cómics, la literatura, los cómics.

El villano, la figura del villano, suele ser una persona con muchas buenas intenciones, con mucha capacidad, con mucho poder, a la que se le ha hecho mucho daño. Y la sensación que tienes: “Y ahora vais a ver lo que se siente”. “Y ahora me voy a vengar”. Entonces, yo muchas veces en las formaciones pongo el ejemplo de una persona que se está ahogando. Una persona, cuando se está ahogando, no pide auxilio de una manera tranquila y adecuada. No, no, o sea, su vida corre peligro.

Y si tú eres un socorrista y te acercas a salvar a esa persona, y cuando estás a punto de salvarla, le dices: “Mira, no te tenías que haber metido en marea viva y sabías que no hacías pie y sabías que…”. No, no. O sea, el socorrista va y lo salva, y si de un manotazo le rompe la nariz al socorrista, el socorrista lo saca igual. Y ya fuera del agua, ya veremos lo que aprendemos.

Pero cuando un niño está haciendo daño, cuando un niño está ofendiéndote, cuando un niño… lo que hay que hacer es sacarle del agua y decirle: “Yo te quiero igual, cariño, hagas lo que hagas, digas lo que digas”. Esto se ve en el “bullying”, en el concepto que tenemos de “bullying”, de “niño malo”, “niño bueno”. Si fuera “niño dolido”, “niño que no sabe poner límites”, sería muy diferente. Y esto es muy profundo, muy profundo, y ya te digo que las herramientas que nos da la disciplina positiva, de una manera muy reveladora y muy sencilla, nos coloca, nos coloca la necesidad humana y nos hace y nos ayuda a educar a nuestros hijos mucho más allá de un momento puntual o de una conducta puntual.

Y ya por último, para cerrar, María, hemos estado hablando, al principio hemos hablado, si te acuerdas, de esos miedos que tenemos, en cuanto sabemos que vamos a tener hijos, de ser buen padre, ser buena madre. “¿Me equivocaré, lo estaré haciendo bien?”. Y, precisamente, me gustaría cerrar conjurando esos errores que vamos a cometer, porque, como hemos dicho, pues no somos perfectos y todos cometeremos errores educando. Me gustaría que nos contases cuáles crees que son los más frecuentes.

Por ejemplo, en tus asesorías o de los que hablas en tu libro. Y también cómo podemos enfocarlos para aprender y para no machacarnos con que: “Ay, nos hemos equivocado”. Y que sean como para los niños también, que me parece súper importante esta imagen de los errores como oportunidades para aprender.

Sí. Es verdad.

Entonces, tenemos que aprender un poco a, pues eso, confianza cien y expectativas cero. Y luego hay muchas cosas que a lo mejor no estábamos haciendo, no tanto los errores que cometíamos, sino cosas que no estábamos aprovechando, que podemos aprovechar y que nos pueden facilitar la convivencia familiar en las rutinas, en los aprendizajes.

Yo insisto muchísimo en la belleza. Insisto muchísimo en la belleza. Para mí, la pertenencia es una necesidad en nuestro plano humano. Y la belleza es como alimento para el alma. La belleza no se puede definir. No puedes, no puedes… No puedes decir… Es tan subjetiva… Pero todos sabemos, todos podemos reconocer la sensación que nos causa algo bello, la belleza, algo bonito.

Que a lo mejor para ti eso es bonito, para mí no, pero todos tenemos la misma sensación. Para mí esto se enlaza mucho con el tema del sentido común. Nosotros todos tenemos… queremos que nuestros hijos sean personas con sentido común. Pero realmente poca gente sabe definir lo que es el sentido común. Y es muy fácil cuando nos paramos a entender cómo hablamos, las palabras que utilizamos.

El lenguaje es muy importante, y revisar. Al final, el sentido común no es más que el sentido de comunidad. Y si tú enseñas a tus hijos a pertenecer de manera adecuada, respetando a los demás, respetándose a sí mismo y respetando las situaciones, tus hijos van a tomar las decisiones con sentido de comunidad. Yo esto que decido no quiero que me dañe a mí, no quiero que dañe a los otros y quiero que aporte a esta situación. Pertenece significancia. Es todo sentido común. Y si encima no pretendes hacerlo bien, sino que quieres que sea bonito, ya no tienes esa presión de: “Tiene que ser de una manera determinada, según este patrón o esta norma o esta regla”.

Esta entrevista fue publicada por BBVA: aprendemosjuntos.bbva.com

REDACCIÓN WEB DEL PSICÓLOGO

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