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María Zabala: “Llevamos décadas con videojuegos y no tienen por qué provocar traumas o adicciones”

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“¿Cuánto tiempo de pantallas es demasiado? ¿Cómo evito que mi hija esté pendiente de los “likes” y de los seguidores, o que mi hijo consuma contenidos inadecuados en Internet?”. A estas y otras preguntas sobre el impacto de las pantallas en los más jóvenes responde María Zabala, periodista experta en Tecnología y Ciudadanía Digital. Miembro de The Digital Citizenship Institute y autora del libro ‘Ser padres en la era digital’, Zabala lleva 20 años estableciendo puentes de comunicación entre los “nativos” y “migrantes” digitales, que supone una brecha generacional más que tecnológica y nuevos retos para la llamada “e-paternidad”. A través de cursos, conferencias y talleres sobre alfabetización digital, su objetivo es la reflexión conjunta sobre los cambios que ha introducido la sociedad digital en nuestras vidas y en la crianza. En su blog, iWomanish -premio Madresfera 2020 al Blog del Año-, también contribuye a la divulgación de aspectos como la responsabilidad y huella digital, la conciliación entre el mundo físico y online, y cómo establecer una relación de confianza en el entorno familiar, para perder miedo a las pantallas y convertirlas en una herramienta más de la educación.

María, acabas de nombrar otro tema muy interesante, el de los videojuegos. Es un tema también que a los padres, que a las familias, les preocupa mucho en el doble sentido, ¿no? Tanto si somos muy permisivos con todos los títulos que existen o todo lo contrario, somos menos permisivos, dejamos utilizarlos menos y causamos quizás el efecto contrario en nuestros hijos. ¿Qué piensas tú sobre este tema?

Los videojuegos son, en primer lugar, una industria que mueve millones de euros en todo el planeta. Entonces, de alguna manera, su impacto en la sociedad en general y en la vida familiar en concreto, pues lógicamente es indudable. Entre otras cosas porque representan un ocio de calidad en muchísimas ocasiones.

Yo creo que es importante, cuando somos padres, entender que los videojuegos forman parte del ocio de los niños y adolescentes de hoy en día y que no hay un problema que un videojuego vaya a ocasionar de la noche a la mañana.

Y esto lo digo porque, efectivamente, si bien es cierto que la Organización Mundial de la Salud reconoce el trastorno por adicción a videojuegos después de que se haya producido un periodo largo de sintomatología, eso no significa que nuestros hijos por tocar un día una consola se vayan a hacer adictos.

Por otra parte, llevamos muchos años, décadas ya, de uso de videojuegos con muchos adultos hoy que han sido gamers en décadas anteriores y que no tienen grandes traumas ni han tenido grandes problemas y son personas tan razonablemente normales como yo. A partir de ahí, si tenemos hijos y entra en la ecuación el tema de los videojuegos, bien porque ellos lo piden, bien porque nosotros queremos plantearlo, creo que lo que es importante es, por una parte, tener en cuenta cómo son nuestros hijos.

Un niño impulsivo no sabrá perder tan bien como un niño más calmado, por ponerte un ejemplo. Un niño muy social, con muchos amigos, con mucha actividad deportiva, que le encanta la actividad física, probablemente tarde mucho más en volverse sedentario por culpa de los videojuegos, mientras que un niño que ya sea muy sedentario, pues si le dejas sin control delante de la consola, probablemente siga delante de la consola hasta que tú le digas que se levante y la apague.

Entonces, cómo son nuestros hijos. Por otra parte, elegir el juego. Hay entidades internacionales que nos ayudan a tener información sobre ese juego que tu hijo quiere utilizar o que tú le quieres regalar. Qué tipo de contenidos tiene y qué tipo de conductas incita, para qué edad está recomendado… ¿No? Qué tipo de actividades se pueden plantear en ese juego. También averiguar el modo de juego. Si se juega online. Es decir, si juegas a través de Internet o es un juego que simplemente juegas como antaño en la pantalla y juegas tú y ya está, o entran a colación otros jugadores.

Si esos jugadores van a poder ser elegidos de manera aleatoria y tu hijo va a terminar jugando con un desconocido o va a poder elegir con quién juega y por lo tanto va a jugar probablemente con amigos suyos, conocidos de lo que nosotros llamamos «vida real». Tener en cuenta el dispositivo en cuestión también. Una consola portátil tu hijo se la va a poder llevar a cualquier parte y una consola conectada a una televisión no se la va a poder llevar a cualquier parte.

Saber también que las consolas tienen posibilidades de configurar control parental para que no sea demasiado el tiempo de uso o para que se establezca que el jugador, por ejemplo, es menor de 13 o 12 años y por lo tanto hay unas condiciones de acceso a determinados juegos diferentes según la edad.

Y saber también que el mundo del videojuego ya no es el juego solamente. Como decía antes, es un universo en el que el niño juega, en el que el niño ve cómo juegan otros, juega con otros, comenta con otros mientras juega, comenta con otros mientras otros juegan, ven retransmisiones de partidas que hacen otros, aunque él no esté jugando.

Es un universo mucho más grande que el niño simplemente jugando y que luego existen incluso plataformas, por ejemplo, como Roblox, que no son un videojuego, sino una plataforma llena de juegos en los que incluso el usuario puede crear su propio juego y que también permiten opciones de control parental.

De nuevo, yo sé que tú estás pensando que es muy difícil aprenderse todo esto y saber todo de todo. Yo no creo que haya que saber todo de todo. Yo, de mis tres hijos, dos son varones, y esto lo especifico porque todavía a día de hoy son más los chicos que juegan a videojuegos que chicas. Y de hecho las chicas que juegan se encuentran con muchos obstáculos a la hora de ser respetadas, como pasa en otros entornos de la sociedad. Está esa área en la que tú eres más especialista, de la inclusión, que todavía nos falla.

Entonces, cuando un juego se pone de moda, como ha pasado hace unos años con ‘Fortnite’, por ejemplo, ¿qué es lo que pasa? Que el mensaje que se nos transmite a las familias es, como te decía al principio de toda la conversación, muy contradictorio. El lunes lees que ‘Fortnite’ es la heroína del siglo XXI y tú dices: «Yo esto lo tengo que prohibir». Y el jueves lees que los videojuegos como ‘Fortnite’ pueden ayudar a desarrollar la inteligencia espacial de los niños.

Entonces, dices: «Bueno, voy a dejarle que juegue con ‘Fortnite’». Luego el sábado lees que es muy violento y que los videojuegos incitan a la violencia. Y al lunes siguiente lees que la última evidencia científica dice que no, que los videojuegos no incitan a la violencia. Entonces tú, en el salón de tu casa, dices: «¿Qué hago con mi hijo y qué hago con ‘Fortnite’?». Pues tienes que quedarte en el salón de tu casa, mirar a tu hijo y enterarte de qué va ‘Fortnite’. Yo no soy una defensora de ‘Fortnite’, en absoluto, pero no es el videojuego más violento que ha pasado por las consolas de las casas españolas en los últimos años.

Al final se pone de moda un tema y parece como que es la principal preocupación. Si realmente nos preocupa que un videojuego haga que nuestro hijo se vuelva violento, tendremos que mirar a nuestro hijo y por qué creemos que puede volverse violento y verle jugar a ese videojuego o a otro, y ver si realmente cada vez que le pides que pare, eso se convierte en el fin del mundo.

¿Eso por qué pasa? ¿O qué tipo de emociones está viviendo tu hijo cuando está delante de la consola jugando una partida con amigos en línea o presencial en compañía? Creo que no es tanto dejarse llevar por los titulares como informarse sobre el juego y conocer a tu hijo o a tu hija.

“Llevamos décadas con videojuegos y no tienen por qué provocar traumas o adicciones”

Son muchas las veces que nos planteamos si hacemos un buen uso a la hora de publicar una fotografía de nuestros hijos en redes sociales, porque quizá les estamos exponiendo demasiado a las mismas. Entonces, pues la pregunta es: ¿hacemos un buen uso de esta función en publicar, no publicar, cuándo publicar?

Creo que esta pregunta tiene una muy difícil respuesta, y por eso a veces me sorprende que desde distintos entornos se den respuestas muy absolutas, como si compartir o no compartir imágenes de nuestros hijos estuviera absolutamente bien o absolutamente mal. Lógicamente, compartir sin ton ni son la imagen de nuestros hijos, que lógicamente si son pequeños especialmente no va a ser con su consentimiento, porque no vas a preguntarle a tu hijo:

«¿Te parece bien que ponga esta foto tuya en esta red social?». Hacerlo sin ton ni son no tiene mucho sentido, especialmente si no somos conscientes, como suele ser el caso, de lo que implica publicar algo en Internet. Se nos dice constantemente que lo que uno sube a Internet deja de ser tuyo, porque incluso en nuestro pequeño huequecito que tenemos en una red social que a veces pensamos que es nuestro, no es nuestro, es de la red social. Y esto tiene mucho que ver con el hecho de que los términos de uso de cada aplicación, plataforma o red social que utilizamos están explicados de manera que, francamente, no nos quedan muchas opciones más que aceptar.

Igual que pasa con las cookies. Es decir, hay muchas cosas que están en nuestras manos como ciudadanos digitales, pero muchas otras están en manos de las plataformas y, por ende, de los reguladores. Y es muy difícil protegernos nosotros como usuarios si no nos acompañan las propias plataformas y los reguladores.

En el caso concreto de publicar imágenes de nuestros hijos en Internet, en general, en redes sociales en concreto, yo no me atrevo en ningún caso a dar un consejo a nadie. Yo misma tengo hijos y a veces comparto imágenes de ellos. Es cierto que trato de que sean fotos de espaldas, habitualmente tanto en mi web como en mis redes les llamo con pseudónimos, no con sus nombres reales.

“Cuando publicamos fotos de nuestros hijos debemos preguntarnos por qué lo hacemos”

Y, a partir de que llegan a una edad, en mi caso el pequeño tiene once, con lo cual ya también con él y con los mayores, hablo de cuando quiero publicar una foto en la que salen, por qué la quiero publicar. Y creo que este es el quid de la cuestión: la intención. Si estamos contando algo al mundo sobre nuestros hijos, y me da igual realmente que sea una foto o un comentario, ¿por qué lo estamos haciendo? Vamos a pensar en quién lo va a leer o quién lo va a ver, pero sobre todo, por qué lo estamos haciendo. Y esto va con una reflexión, quizás un poco más profunda.

Muchas veces este hecho de que compartamos la imagen de nuestros hijos en Internet, aunque deriva en que utilizamos su imagen y por tanto les creamos el inicio de una huella digital de la que ellos no son dueños todavía porque no han decidido publicar esa imagen, no lo hacemos tanto por ellos como por nosotros. Quizás en el campo concreto de la maternidad y la paternidad, a veces utilizamos su imagen o hablamos sobre ellos de manera que podamos sentirnos mejores padres.

Si yo publico una foto de mi hija leyendo y pongo: «Mi hija está leyendo», pues el mensaje implícito es «mi hija lee», que es algo bueno, y yo he conseguido que mi hija lea, ¿no? Sin embargo, si mi hijo está jugando con la consola y le he dicho tres veces que pare y no ha parado, yo no le hago una foto delante de la consola, salvo que lo haga para decir: «Mi hijo es incapaz de dejar la consola».

Ya estoy invadiendo su privacidad. Pero sobre todo si no lo hago es porque no quiero parecer peor madre, porque le dejo jugar con la consola. No puedo presumir de que mi hijo sea un gran gamer o un crack con el videojuego de turno. Creo que tenemos que hacer un ejercicio los adultos por pensar qué compartimos en Internet y tener un punto quizás mayor de discreción. Ahora se habla mucho… Bueno, ya desde hace tiempo, sobre privacidad.

Tenemos que ser más conscientes de este tema, porque de momento nadie más lo va a hacer por nosotros. Y en el caso de nuestros hijos, por lo menos pensar con qué intención estamos compartiendo esa imagen. No es lo mismo una madre que publique una foto de su hijo porque es su cumpleaños y le diga: «Feliz cumpleaños, cariño, cumples 12. Me has hecho tremendamente feliz en todos estos años», por ponerte un ejemplo. Que una madre que publique la foto de su hijo con una botella de agua para decir: «Esta marca de agua es la mejor que puedes beber porque te vas a sentir mucho mejor». Ahí, además, estás utilizando…

María Luisa Sánchez-Calero. Sí.

La imagen de tu hijo con un fin comercial, ¿no? Afirmar que todos los padres y madres que comparten la imagen de sus hijos en redes son peores padres, me parece un poco injusto, pero sí que creo que es necesaria una reflexión colectiva de todos, de hasta dónde publicar y, sobre todo, con qué intención.

Yo es cierto que con bastante frecuencia repaso mis redes, sobre todo en las que hay fotos, para tratar de encontrarme a mí misma en el momento aquel que publiqué esa foto en la que se les ve y preguntarme: «¿Por qué? ¿Lo hice por mí, lo hice por ellos, lo hice por alguien, para que lo viera?». Y creo que es importante hacerlo. Aunque sea a posteriori, fíjate.

María Luisa Sánchez-Calero. Buscar el sentido.

Buscar el sentido y buscar la intención. ¿Por qué lo estamos haciendo? ¿Porque estamos…? A mis hijos les digo mucho, y en los talleres con estudiantes, les hablo de que hay una frase en inglés, que realmente no sé si tiene una traducción en español, que dice: «It’s not my story to tell». ¿No? «No es mi historia, así que yo no puedo contarla».

Entonces yo siempre les digo a mis hijos que su presencia en redes sociales tiene que… En Internet en general, pero en redes sociales en concreto, tiene que ser para para hablar de ellos. O para hablar de causas que a ellos les resulten cercanas o experiencias que a ellos les resulten cercanas. No para hablar de los demás, ¿no? Entonces yo misma me tengo que aplicar el cuento si quiero hacerlo bien.

“En tecnología, la solución no es prohibir, sino conocer a tu hijo”. María Zabala

Hablando con otros padres también, pues siempre nos surgen otras dudas. Y es que nuestros hijos, al igual que los tuyos, han nacido en esta era y se les denomina «nativos digitales». ¿Qué piensas tú de todo esto? ¿Cómo lo ves? ¿Es realmente bien definido?

El término de «nativos digitales» lo acuñó el escritor y divulgador Marc Prensky en 2001. Hablaba de nativos digitales frente a migrantes o inmigrantes digitales, tratando de diferenciar a los que habían nacido ya en sociedad digital, y fíjate si las cosas han cambiado desde 2001, y los que habían nacido antes.

Yo creo que desde hace ya unos años esta terminología empieza a desdibujarse, pero se sigue hablando de nativos digitales, igual que se sigue hablando de nuevas tecnologías cuando realmente no son tan nuevas. Quizás podemos hablar de inteligencia artificial como algo más nuevo, pero muchas de las cosas de las que hablamos cotidianamente no son ya nuevas tecnologías. Nuestros hijos son nativos de la era digital, porque han nacido en un mundo en el que ya existía Internet y como niños que son, o adolescentes, tienen una predisposición positiva, una curiosidad latente para probar cosas nuevas.

Y van a probar a pasar el dedo por una pantalla, van a probar a desbloquear un móvil, van a probar a crearse un perfil en redes sociales, van a probar a intentar descargarse una aplicación, van a probar una partida de un videojuego… Ellos van a probar. No tienen miedo a probar. Los que hemos llegado a esto después y hemos vivido otras cosas antes, damos a «guardar» en un documento 20 veces porque no queremos que se nos pierda y se nos borre.

¿No? Ellos no tienen esta sensación de que algo se puede perder porque no han vivido lo que nosotros hemos vivido. Y esta es la realidad que ellos conocen, ¿no? A partir de ahí, pensar que esto significa que saben más de tecnología, pues es bastante curioso, pero sobre todo tiene un efecto, para mí, tremendamente injusto. Es decir, se habla mucho de la brecha digital cuando hablamos de padres e hijos. Ellos son los nativos digitales y a nosotros esto nos ha pillado mayores.

Esta entrevista fue publicada por el grupo BBVA: aprendemosjuntos.bbva.com

REDACCIÓN WEB DEL PSICÓLOGO

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