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John Maeda: “Un entorno que produce innovación no es algo común”

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John Maeda ha sido diseñador gráfico, artista visual, profesor, ingeniero de software en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y “tecnólogo humanista”, aunque a él le gusta describirse como “un accidente”. Fue de forma accidental como llegó al mundo de la innovación tecnológica, gracias a que uno de sus profesores acudió a la tienda de sus padres, donde él trabajaba, para instarles a que le permitieran estudiar. Su primera computadora, con la que diseñó un programa de contabilidad para el negocio familiar, supuso el comienzo de su carrera tecnológica y multidisciplinar, que va desde la ingeniería eléctrica a la informática, el arte y el diseño. A mediados de los años 90 impulsó el Grupo de Estética y Computación del MIT, como equipo de investigación multidisciplinar, y años después dirigiría el MIT Media Lab y la Escuela de Diseño de Rhode Island. Su interés por la combinación entre el arte y el diseño computacional le han permitido una prolífica carrera como artista visual y divulgador. Entre sus publicaciones destacan ‘Creative Code’, ‘Design by Numbers’, ‘How to Speak Machine’ y ‘Las leyes de la simplicidad’, donde John Maeda plantea una forma sencilla de abordar aspectos complejos de la vida, los negocios, la tecnología o el diseño. “Aprender lo hace todo más sencillo. Alguien que sea un experto que haya aprendido algo, puede enseñarlo a otra persona. Pueden hacérnoslo más sencillo, si son simplificadores natos. Pero la mayoría de las personas no son simplificadoras natas. Nos gusta hacer las cosas más complejas porque parecemos más inteligentes”, reflexiona el autor.

Edgar Costa. Una pregunta clásica, ¿cómo va a ser el futuro? ¿Cómo será la tecnología dentro de 20 o 30 años?

John Maeda. Creo que, dentro de 20 o 30 años, con suerte, estamos empezando a verlo. El mundo de la informática está reconociendo que tiene que incluir a distintos tipos de personas para que la informática sea más inteligente y más humana. Muchas empresas tecnológicas han construido sus algoritmos o utilizan datos con un gran sesgo.

Por ejemplo, había un programa para juicios, diseñado para una jurisdicción que usaba inteligencia artificial. Y se introducen datos. Y los datos son todas las sentencias de las últimas décadas. Así, el juez no tiene que hacer nada, y el ordenador es capaz de averiguar, con inteligencia artificial, quién es culpable y quién no. El problema con este sistema es que hará exactamente el mismo trabajo que el juez o el secretario.

Y lo que pasará es que condenará a alguien que tiende a ser pobre y tiende a ser de color, porque viven en un código postal donde existe mucha criminalidad. El sesgo se incorporó en los algoritmos por culpa de los datos. Porque, como sabemos, quién tiene y quién no, o el nivel de salud de las personas, está determinado por su código postal. Las generaciones jóvenes se están cuestionando esto. Nos cuestionamos cosas como:

“Vaya, hay una nueva tecnología de reconocimiento facial”. Puedes reír, sonreír y hacer de todo. Funciona bien, si tienes la piel clara. Si tienes la piel oscura, no te reconoce. Porque los algoritmos se escribieron en base a datos de personas de piel más clara.

Dicho esto, una vez estaba hablando con un inventor de Kenia y había salido en las noticias que a los coches autónomos les costaba reconocer a personas de piel oscura, y eso era algo peligroso. Y él es un investigador de inteligencia artificial. Me dijo: “Habría que usar nuestros algoritmos, porque reconocen bien a las personas de piel oscura”.

La cuestión de quién controla el negocio de estos algoritmos, qué personas pueden hacerlo, que exista imparcialidad, son cosas de las que están hablando las generaciones jóvenes, y están intentando que las cosas cambien.

Edgar Costa. Hablemos de los maestros a los que les cuesta adaptarse al ritmo de las apps y nuevas formas de aprender. Tú tienes experiencia como profesor en el MIT, como has mencionado. También eres presidente de la Escuela de Diseño de Rhode Island.

En lo que respecta a la tecnología en las aulas, ¿cómo podemos preparar aquellos que dicen: “Dios mío, no puedo con esta nueva tecnología”? Muchos profesores pensarán: “No puedo adaptarme, es muy difícil”.

“Un entorno que produce innovación no es algo común”

John Maeda. Recuerdo cuando era profesor en el MIT. Creo que era mi octavo año. Ya era veterano y, entre comillas, importante. Entré en un comité especial que se reúne cada 10 años en el MIT para analizar el plan de estudios y pasar tres años estudiándolo para determinar si está listo para la próxima década. Así que estaba en ese Comité Jedi tan especial.

Era increíble. Aprendí muchísimo en ese comité. En fin, en el comité había tres estudiantes como representantes. Íbamos por la mitad, estamos hablando del tema y había un gran problema sobre asesorar a los estudiantes.

Era un gran problema porque los profesores eran quienes asesoraban a los estudiantes en el MIT, pero cambiaron el sistema.

Contrataron a asesores profesionales para asesorar a los estudiantes en lugar de a los profesores. Y los profesores, los Caballeros Jedi, siguiendo con la analogía de Star Wars, decíamos: “Dios mío, los estudiantes nos necesitan para que les demos consejo, somos los que podemos aconsejar mejor”. Y una de las estudiantes subió a la tarima, nos miró a todos y dijo: “¿Cómo que nos vais a ayudar con nuestras futuras trayectorias?

Ninguno de vosotros tiene un trabajo de verdad”. Y yo pensé: “Vaya, lo que dice es totalmente cierto”. Solo somos profesores. Os estamos preparando para el futuro. Pero ¿qué sabemos del mundo real? Y esto fue sobre 2002, cuando el MIT tenía más ordenadores que ningún otro sitio del mundo.

Pero las empresas estaban empezando a tener más ordenadores que el MIT. Y veía que las empresas se movían más rápido, como Google, que las instituciones académicas.

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REDACCIÓN WEB DEL PSICÓLOGO

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