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Michael Sandel: “Escuchar no es solo cuestión de oír, escuchar es un arte. Es una forma de empatía”

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Con tan solo 18 años, Michael Sandel retó a Ronald Reagan a un debate en su instituto. Reagan aceptó. Desde entonces, el empeño de Sandel por el diálogo público lo ha llevado a llenar estadios, organizar debates online de manera global o impartir el curso más popular de la historia de Harvard: ‘Justicia’. Sandel está considerado el filósofo contemporáneo más popular del mundo. Profesor en la Universidad de Harvard y Premio Princesa de Asturias de las Ciencias Sociales 2018, su trabajo bebe del método socrático para fomentar la educación cívica y conectar la filosofía con nuestra vida cotidiana. “La filosofía pertenece a la ciudad, donde los ciudadanos se reúnen y debaten grandes cuestiones sobre cómo debemos organizar nuestras vidas juntos, sobre justicia, sobre cómo lidiar con la desigualdad o sobre qué obligaciones tenemos unos con otros como ciudadanos”, asegura. En su último trabajo, ‘La tiranía del mérito’, Sandel reflexiona sobre cómo recuperar el bien común en las sociedades occidentales, aquejadas, dice, de dos males relacionados: “la desigualdad económica y la polarización política”.

Hola, ¿qué tal, Michael? Mi nombre es Roma, encantada de escucharte. Quisiera preguntarte por qué crees que todavía hay personas que no apoyan o a los que no les importan las medidas contra el cambio climático. ¿Qué es lo que está ocurriendo con este debate?

Michael Sandel. Bien, gracias por la pregunta. El cambio climático es uno de los debates más importantes a los que nos enfrentamos. Y parece que hemos llegado a una especie de callejón sin salida en el debate sobre el clima, porque muchas personas se resisten a las medidas para abordar el cambio climático.

Y muchos caen en la tentación de pensar, sobre todo las élites, que aquellos que se oponen a las medidas para hacer frente al cambio climático son simplemente analfabetos científicos o ignorantes de los hechos. Y que si tan solo pudiéramos divulgar los hechos científicos y convencer a todos para que acepten los hechos, políticamente sería mucho más fácil llegar a alguna iniciativa para hacer frente al cambio climático. Creo que esto es no entender la raíz del conflicto sobre el cambio climático. No creo que sea una cuestión de ciencia. Hoy en día se escucha mucho la frase: Haced caso a la ciencia.

La escuchamos mucho durante la pandemia, y también al hablar de cambio climático. Pero creo que es un lema engañoso por lo siguiente: el motivo de que mucha gente sea escéptica de las medidas para hacer frente al cambio climático es que no confían en que los expertos y no confían en que el gobierno sean capaces de transformar la economía de la manera que requerirá el cambio climático. No confían en que vayan a hacerlo de forma que obedezca a los intereses de todos.

Creo que el debate sobre el cambio climático no consiste en conocimiento científico frente a ignorancia científica. No creo que ese sea el debate. Es un debate que implica desconfianza. Y esto lo vimos en el debate en Estados Unidos sobre la pandemia. La gente no quería vacunarse ni usar mascarillas, no porque no entendieran la ciencia, sino porque desconfiaban de los expertos. Y ahora vemos en muchos países del mundo una falta de confianza hacia los expertos, y eso es porque la gente siente que, en las últimas décadas, los expertos, los tecnócratas no les han ayudado.

Para hacer frente al cambio climático no basta simplemente con tratar de enseñar más ciencia a la gente, sino que es necesario cultivar una mayor confianza. Así que, en definitiva, es una cuestión política. No es una cuestión de conocimiento científico. Necesitamos invitar a toda la gente a un diálogo público más amplio sobre cómo debemos convivir con la naturaleza. ¿Qué significa vivir en armonía con la naturaleza? ¿Qué significa diseñar nuestra economía y nuestra sociedad para que sea coherente con el respeto por la naturaleza? Esas son preguntas sobre valores. Son preguntas que surgen en la política. No se pueden responder simplemente recurriendo al conocimiento científico.

“Escuchar no es solo cuestión de oír, escuchar es un arte. Es una forma de prestar atención. Es una forma de empatía”

Pedro. Hola, Michael. Mi nombre es Pedro y soy estudiante. Muchas gracias por estar aquí. Me preocupa mucho cómo veo que cada vez las sociedades están más polarizadas y es más difícil que un lado de la sociedad empatice con el otro. Y me he fijado en que muchas veces has hecho experimentos en los cuales jóvenes que venían de distintos contextos debatían entre sí sobre problemas que nos afectan a todos. Por eso, en relación a eso, me gustaría hacerte una pregunta doble. En primer lugar, ¿cómo de importante crees que puede ser el debate? En segundo lugar, ¿cómo crees que los jóvenes podemos ayudar a solucionar los problemas globales?

Michael Sandel. Gracias, Pedro. Tienes razón. Vivimos en sociedades cada vez más polarizadas. Lo que hacen pasar por discurso público hoy en día consiste demasiadas veces en competiciones de gritos en las que los políticos o los ideólogos se dan voces unos a otros sin escuchar de verdad. Y creo que parte del problema es que nuestro discurso público ha sido despojado de un significado moral más amplio.

Los ciudadanos demócratas, y creo que todos, quieren que la vida pública nos permita debatir sobre las cuestiones que importan. Preguntas como: ¿qué significa vivir en una sociedad justa? ¿Qué debemos hacer con respecto a la creciente desigualdad? ¿Cuál debería ser el papel del dinero y de los mercados? ¿Qué deudas tenemos los unos con los otros como conciudadanos?

Son preguntas importantes sobre las que la gente no se pone de acuerdo, pero que les preocupan profundamente. Y muy a menudo nuestro discurso público no aborda cuestiones fundamentales de valores. A menudo consiste en una charla tecnocrática y corta de miras que no inspira a nadie. Y eso crea una carencia, un espacio vacío, en el discurso público que a menudo se llena de voces limitadas, duras e intolerantes. Y eso, lamentablemente, es a lo que hacemos frente hoy. Pero aquí radica mi esperanza hacia algo mejor. Como has mencionado, Pedro, he tenido la oportunidad de viajar y relacionarme con públicos de gente joven, no solo jóvenes, pero particularmente gente joven, sobre estas grandes cuestiones sobre valores.

No para sermonearlos, sino para invitarlos a discutir, a debatir sobre grandes asuntos, sobre cuestiones éticas que son importantes. Y lo que me llama la atención, vaya a donde vaya, es que existe un deseo, sobre todo entre esta generación de jóvenes, una sed de razonar juntos en público sobre las cuestiones importantes sobre valores. Y lo que me resulta más inspirador es que, a pesar de la polarización política, a la hora de reunirme con jóvenes e invitarlos a un debate público sobre cuestiones importantes sobre ética y valores, aprenden muy rápido a escucharse unos a otros y a estar en desacuerdo unos con otros, pero con civismo y respeto.

Lo que pueden conseguir estos debates no es convencer a todos de tener la misma opinión, ya sea sobre inmigración, cambio climático o distribución de ingresos y riqueza. El objetivo real es cultivar la capacidad de razonar juntos para escucharse unos a otros. No solo oír las palabras que dicen, sino escucharse con empatía y respeto, escuchar activamente y tratar de desentrañar las convicciones morales, los principios y los ideales detrás del argumento de alguien, sobre todo si es alguien con quien no estoy de acuerdo. Escuchar no es solo cuestión de oír, escuchar es un arte. Es una forma de prestar atención. Es una forma de empatía.

No se trata de estar de acuerdo o no, sino de atender, respetar y tomar en serio las opiniones de aquellos con quienes no estamos de acuerdo, y luego ver si podemos razonar juntos, ya sea para convencernos o para llegar a un entendimiento más profundo de nuestros desacuerdos. El motivo por el que creo que esto es importante es que necesitamos redescubrir el olvidado arte del discurso público democrático. Y para ello necesitamos aprender a cultivar la capacidad de escuchar. Y la única forma de hacerlo no es leyendo libros de filósofos famosos, aunque yo quiero que mis alumnos los lean. Es participar en la práctica de razonar juntos, ya sea en las aulas, ya sea en un encuentro como este o ya sea en la plaza pública.

Necesitamos cultivar el arte del discurso democrático, y para eso necesitamos cultivar el arte de escuchar. Escuchar es una virtud cívica. Y lo que me da esperanza, ya que he tenido la oportunidad de viajar y conocer a jóvenes de todo el mundo, es que veo una sed y una pasión universales por este tipo de encuentros enérgicos pero respetuosos. Razonar unos con otros sobre cuestiones importantes, lo cual es una oportunidad y un placer que me habéis brindado hoy en esta charla. Y por eso quiero daros las gracias a todos. Muchas gracias.

REDACCIÓN WEB DEL PSICÓLOGO

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